Nos gusta lo nuevo, nos encanta lo nuevo para hacerlo viejo. Somos monstruos del recuerdo que vamos por el mundo devorando lo desconocido para digerirlo y hacerlo parte de nuestra memoria. Somos seres construidos de pequeños bloques de experiencias.
Nos gusta conocer gente nueva, por la simple nostalgia ajena. Es decir, nos encanta encontrarnos con nuevas personas para que nos cuenten lo viejo dentro de sí mismas.
Algunos se divorcian de lo nuevo y viven siempre de sus viejas ilusiones perdidas.
Eso, decía mi profesor de literatura francesa, es la melancolía: "La tristeza por un recuerdo inexistente." Para algunos es un estilo de vida, una fuente de inspiración, una razón que justifica la soledad propia.
No somos nadie sin pasado, ¿Verdad que así no somos nada?
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