miércoles, 1 de julio de 2009

81

Un día perdí el sueño y en la esquina de la nada me encontré a un hombre cuyo nombre inventé. Le puse Juan José Elizondo. Estaba solo, tanto como yo, triste, pero no tanto. Olía a verano, sabía a luz, se sentía como los años que he olvidado.
Le construí una casa de cimientos tan firmes como la mentira. La coloqué en la cumbre de una montaña, balancéandose en la cima. Mi querido Juan tomó al fin consciencia:
-Tengo miedo de que el viento golpee mi puerta y entonces pierda mi hogar en el vacío. Ponle un clavo y cuelga un anuncio de "no molestar".
Lo hice.
Como no tenía esposa me quedé con él. Y al no tener edad, conté hasta 81 y así se hicieron sus años. Hice un cuadro de la mujer que pudo haber sido suya sobre la imagen del hombre que nunca fue mío y Juan y yo lloramos esa noche. Ese día me mudé con él, pero la siguiente mañana lo saqué de su casa, pinté un sol en mi frente y lo puse a nadar en mis ojos.
Había olvidado su boca sobre el lavabo,se quedó mudo, así que le fabriqué una campana. Ya no estaba sola, Juan y su vejez nadaban en mí. Me perdí en el tiempo mientras me arrullaban Juan y su campana. Su DING DING se volvía cada vez más fuerte y veloz. Me dormí con el son del metal desesperado entre sus manos.

Me despertaron las lágrimas ahogadas silencio. Juan José Elizondo se derritió entre mis párpados y ahora se derramaba lentamente por mis mejillas.

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