Tengo tanto qué escribir, mucha inspiración y poca aplicación en ello. Estas últimas dos semanas han sido un poco desequilibradas. Me he sentido perdida, desorientada, pero al mismo tiempo tuve unos días de revelación... de esos que uno tiene de vez en vez cuando se consuman los pensamientos y las acciones dentro de la lluvia mental de la razón. Como esas veces que le damos sentido a nuestras ideas, nos hacemos fieles seguidores de Platón. Y he decir aquí que su filosofía se vuelve un refugio y una fuente de creatividad que logra salvaguardar nuestras ilusiones. ¿Pero qué pasa con los deseos? Aquello que añoramos y por lo que rezamos a cantidad innumerable de dioses, cultos, esoterismos o hacemos cantidad estúpida de actos de beneficiencia y buenas acciones esperando la merecida (¿?) recompensa del karma.
En lo personal, yo no rezo, no espero nada a cambio, creo en el equilibrio del universo pero considero la simple voluntad humana como limitada en estos tiempos tan complejos.
Después de todo una sociedad más complejizada se convierte también en una sociedad más politizada. Aquí es en donde se limita el libre albedrío y me veo con la necesidad de hacer alusión a un muy buen escritor llamado Eric Fromm, ya que hace un par de años leí en su obra "El miedo a la libertad" unas líneas muy ciertas e interesantes. En su libro decía que las sociedades humanas luchan por su libertad, esa libertad que añoramos como seres humanos y que consideramos como medio para cumplir todas nuestras aspiraciones. He ahí la razón de las independencias de estados y países, sin embargo, cuando al fin se consigue esa libertad se vuelve a someter bajo un sistema de normado, un reglamento o un orden jurídico de tal manera que esa libertad queda asegurada.
¿Qué podemos hacer? ¿Acaso no se podrá nunca lograr un lazo fraternal entre diferentes sociedades? ¿Será el crecimiento de la población ese factor determinante para la desunificación humana? ¿Podrá la globalización fomentar los valores de respeto, caridad y solidaridad frente a este fenómeno de incremento poblacional o será el factor determinante de la desunificación por las competencias internacionales?
Resulta que alguien me dijo esta semana, que le gustaría tener un botón mágico que al presionarlo desapareciera a dos tercios de la población mundial, que esa sería la solución. Yo le dije que, en cambio, podría convencer a dos tercios de los individuos del planeta para que se suicidasen junto con él, sacrificándose por el resto del mundo, mártires del amor fraternal.
Ambas cosas no tienen sentido, no deberían tenerlo nunca.
Por ello recuerdo las palabras del profesor de Ciencias Políticas de mi amiga Brenda:
"Quien diga que la solución es que alguien muera o matar a alguien, lo repruebo."
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La globalización frena cualquier esfuerzo que involucre respeto y tolerancia. Debemos lograr el camino a la fraternidad por otros medios. Las cosas nunca serán fáciles y el consenso no puede ser un fin pues es por definición inalcanzable. El consenso no radica en estar todos de acuerdo, sino estar conscientes que no lo estaremos y sacrificar un poco para mejorar las cosas; mejorarlas para todos. No creo que la humanidad dure lo suficiente para llegar a un nivel de madurez tal que podamos llamarnos realmente civilizados pero hay que hacer nuestro mejor esfuerzo y tener la conciencia tranquila de que hicimos lo mejor para lograrlo.
ResponderEliminar(¡"El amor a la vida" de Fromm también es muy bueno!)