Cuando mi papá lo conoció, aquél le contó que era de San Luis Potosí, que vivía en un rancho cerca de Real de Catorce. Mi papá supo entonces que el lugar que mencionaba se localizaba cerca de "La Maroma".
También le confesó sin pena el deterioro en el que se encontraba entonces su propiedad, la falta de buen clima y de ayuda. Que aunque las ganas fueran muchas, la suerte era tan escaza como la cosecha. El rancho fue lo único que le dejaron de herencia, lo único que le quedaba, y esa era suficiente razón para no abandonarlo, a pesar de las ausentes lluvias.
Decía que pareciera que hubiera una cortina de aire que alejaba el agua de sus sembradíos. Sin embargo, no haría nada más que resignarse y decir como siempre había dicho: "Pinche rancho de papá, nomás produce tristeza."
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