
Tu piel es de color gris y sabe a nostalgia. Contigo el olor a nuevo ya es una vieja historia, y eso no es precisamente bueno, pero me haces falta. Sabes a esa canción que se ama pero uno nunca encuentra el título. Porque siempre eres ese sonido que da vueltas en la memoria, y eso le roba a uno el sueño. Cuando veo a gente bailar en pareja sus pies me hipnotizan, porque bien podrían ser los tuyos y míos con otra piel y otros huesos.
Es que corazón, a veces me levanto y me confundo de cuerpo. Y me lavo otra cara, me cepillo otros dientes, desvisto y visto otras piernas, otro pecho.
Me da miedo confundirme el día que te vea, y no me veas.
Pero mi cuerpo cae como costal a la cama cada noche, pesado, sucio, despierto, lleno de libros añejos de fotografías y a veces me lo tengo que quitar y lavarlo, y dejarlo secando al sol algunos cuantos días. Y es que el polvo no se va con tan sólo sacurdirlo, hay que limpiarse el ser y sacarlo al aire por un tiempo. Un tiempo en que nos ausentamos, nos perdemos, nos confundimos. Un momento en que no sentimos nada, aunque no haya nada que sentir cuando se está atiborrado de recuerdos; y sin embargo la plenitud nos aflige y nos deja insensibles e inservibles. Ese es el instante en el que me haces falta.
De tu novia Doña Olvido.
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