domingo, 11 de julio de 2010

FYI

ahora estoy acá

miércoles, 30 de diciembre de 2009

"Sólo a ti"

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Qué hermosas palabras.
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martes, 29 de diciembre de 2009

Quiero decir Adiós y que alguien llore mi partida. Ya no quiero huir cien veces más y regresar a esta vida donde no me extrañan. Que se den cuenta de que me he ido, porque ese espacio de vacío que deja mi cuerpo cuando desaparece siempre lo confunden conmigo. Ya estoy cansada de dejar el lado de aquellos que ya me abandonaron y nunca más regresar a donde no me necesitan. ¿Cuál es ese rincón de mis días donde aún no me he escondido?

Quiero hacer planes

contigo.

sábado, 26 de diciembre de 2009

miércoles, 23 de diciembre de 2009



Se levantó solo en la mañana y se sintió solo. Siempre despertaba viendo hacia el techo. Era de las personas que se movían mucho durante la noche, como si los viajes que recorría durante sus delirios oníricos los transitara tambien entre sus sábanas. Sin embargo, cada día su cuerpo terminaba reposando boca arriba justo en el centro de la cama.

Se despertó con la vieja historia de cada día, la misma lágrima derramándose a través de su mejilla derecha tras el primer bostezo, el primer suspiro de soledad de aquellos muchos que lo perseguirían el resto de la jornada.

Antes de retirarse de su lecho de sueños, se aseguró de recordarse solo, una vez más, que se sentía solo. Era un sentimiento que desde hacía años lo acompañaba, desde el momento en que se acostaba deseando compañía hasta que un rayo de luz lo despertaba para darse cuenta de nuevo que no tenía a nadie. Y ya se le había hecho rutina repetírselo. Siempre intentaba convencerse de que era solamente una manera de enfrentarse a tan desgraciada situación, pero lo que realmente sucedía era que estaba tan solo que ya se había resignado a aceptar las cosas tal como estaban.

A veces intentaba plantearse dentro de su vulnerable mente, que tal vez la vida no se trataba de dejar de estar solo, sino estar bien acompañado dentro de la soledad. Pero no se lo repetía muy seguido, el consuelo nunca había sido para él una herramienta a la que pudiera recurrir con cierta continuidad.

Este miércoles 23 de diciembre, no quería pensar en ella, pero comoquiera lo hizo, como de costumbre. Era tan lejana, tan frágil, tan ingenua en la vida, impusiva, como si no temiera nunca equivocarse, y también, sola como él. Siempre quería decirle cuánto la amaba, que estaba llena de imperfecciones que la hacían perfecta para él. Pero no podían estar juntos.

Ella dormía todas las noches boca arriba, y sólo se movía una vez para darse la vuelta y así amanecer boca abajo, con la cara sumergida en la almohada. Había días en que se preguntaba si era un deseo inconsciente de sí misma de asfixiarse y no despertar nunca jamás, sola.

Ella se levantaba cada mañana pidiendo a la vida fuerza para poder ser feliz, sola. Se intentaba de convencer de que la felicidad era cosa de uno y no de dos o más. No quería depender de nadie, porque sabía que si la dejaban, se quedaría como siempre lo había estado. No le gustaba pensar en ello, porque cuando lo hacía era inevitable detener aquella lágrima que se escapaba con caudalosa fuerza de su ojo izquierdo.

No tenía miedo, lo que sucedía es que desde el día en que él y ella se alejaron, intentó volverse más lógica porque era una manera de sentirlo cerca sin acordarse de él. Ella era soñadora, siempre lo había sido y quizá nunca dejó de serlo, pero el tiempo y la experiencia le enseñó a silenciar sus anhelos. Quería estar con él de nuevo, pero no lo extrañaba, ya se había deshabituado a lo habitual, a la compañía, y creía que esta vida no se trataba de estar acompañado, sino saber estar con uno mismo.

Aquella mañana anterior a noche buena, quizo pensar en él, ya que no solía hacerlo. Era tan perfecto, que de cierta manera se volvía imperfecto para ella. La hacía pensar, reflexionar antes de tomar una desición o después de hacerla. Era un hombre de lógica, pero soñador, era fuerte, firme, distante. Lo quería tanto que no creyó necesario decírselo.

A pesar de sus diferencias se habían amado, aunque nunca quisieran decírselo. Y ambos habían aprendido que un amor es más fuerte cuando se alimenta de renuncias. Y apesar de todo, ya no podían estar juntos.

Curiosamente se faltaban a la misma hora, cada mañana y también cuando alguna golodrina se atravesaba ocasionalmente en su camino. Se hacían falta cada vez que reían y sabían que era solamente un sentimiento momentáneo, lejos de aquellas sensaciones prolongadas que sentían cuando se tenían. No había duda que su amor hubiera sido para siempre, pero estaban tan solos que el espacio de la eternidad ya se encontraba ocupado por su soledad.



Es inevitable para mí, en los días de tristeza, intentar dejar mi pasado intacto. Es verdad, dicha sombra que nos persigue faldera nos ha maldecido a siempre arrastrarla. Sin embargo, hay algo que sí puedo hacer y eso es olvidar. Casi siempre lo hago de manera inconsciente,debido a la culpa de mi mente volátil, pero nunca falta que durante esos instantes de desgraciada plenitud, de bochorno, de pensamientos atiborrados... me pongo a tirar recuerdos.
A veces ellos solos se suicidan desde mis orejas, y aunque no soy tan alta, la caída les es fatal. Quiero creer que los días olvidados se convierten en días extras en la fila de aquellos que nos quedan por delante, pero no es así. Antes quería pensar que hacía bien al aguantarme el peso de las horas que me han abandonado, las viejas fotografías, los escritos de emociones y situaciones ya añejas. Pero, hoy me siento vulnerable, hoy no puedo con tanto. Este día las cosas han cambiado y yo sigo siendo la misma, aquella que se aferra a cada día como si me lo quisieran arrancar de las manos, aquella negada a aceptar que el tiempo no se detiene ni se nos devuelve la vida... eso es... es eso lo que yo pienso... que quizá no nos hace falta tiempo, lo que nos hace falta es vida.
Ya me iré a dormir y al despertar olvidaré todo esto.
Adieu